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La rica experiencia de un maquinista salteño en el continente blanco

Oriundo de Joaquín V. González, Darío Altamiranda está en Mar del Plata destinado al remolcador ARA Chiquiyán.

La rica experiencia de un maquinista salteño en el continente blanco

El cabo primero Darío Alejandro Altamiranda nació y se crió en Joaquín V. González. Con 26 años, ya fue parte de una misión antártica. Ahora se encuentra en Mar del Plata, en el remolcador ARA Chiquiyán, y le pone toda la energía a su carrera naval.

Cuando estaba terminando la secundaria en la Escuela de Educación Técnica Nº 5114, Darío ya había decidido ingresar a la Armada Argentina porque un amigo suyo ya formaba parte de la institución y le comentaba cómo era su vida allí. Al año siguiente llenó los formularios en la Delegación Naval de Salta y recibió para ello el apoyo de su mamá y de sus abuelos, con quienes se crió. Luego de dos años en la Escuela de Suboficiales de la Armada, la carrera militar le fue gustando cada vez más. 

Su primer destino fue a bordo de la corbeta ARA Robinson y en diciembre del año pasado fue destinado en comisión al ARA Estrecho de San Carlos para viajar al continente blanco y hacer la Campaña Antártica de Verano.

“Fue una experiencia que jamás había pensado posible antes de ingresar a la Armada. Me gustó mucho y vivir la campaña fue algo único. Me quedé realmente impresionado, con la cabeza enfocada”, detalló. En el San Carlos fue ayudante en el subcargo propulsión, ya que Darío dentro de su especialidad naval de maquinista es motorista, y además cumplió a bordo con el rol de botero.

“Fueron largos días de navegación, muy lindos aunque con mucho hielo y frío”, sonrió. “Tenía mucha fe y confianza en los equipos de máquinas de la embarcación y sabía que íbamos a andar muy bien. Como botero, bajé en cada base antártica, donde realizamos traslado de personal, carga y descarga de materiales y víveres”, agregó. 

Darío también tiene la capacitación de nadador de rescate y pudo concretar varias prácticas.

El barco Estrecho de San Carlos zarpó de Puerto Belgrano el 26 de enero y regresó el 17 de marzo. La embarcación trabajó durante 50 días junto a las otras unidades desplegadas en el continente blanco - los ARA Bahía San Blás, Puerto Argentino e Islas Malvinas- para garantizar el desarrollo del aprovisionamiento logístico, transporte de personal y material y salvaguarda de la vida humana en los mares antárticos. 

Desarrolló estas actividades en las bases permanentes Carlini, San Martín, Esperanza, Decepción y Orcadas, y en la base temporaria Brown.

“Me gustaría volver a la Antártida, aunque fue un gran sacrificio dejar a la familia”, enfatizó. Darío está en pareja con Mariana, también salteña e integrante de la Armada Argentina -ella es cabo segundo- y tienen una hija de 2 años llamada Esmeralda. “Fue difícil no estar juntos y estuve pensando en ellas todo el tiempo, pero mi familia me acompaña en todo. Cada destino es un crecimiento personal y profesional”, señaló.

Luego de la Campaña Antártica, se mudaron a Mar del Plata, donde está destinado al remolcador Chiquiyán. Por tradición naval, los remolcadores se bautizan con nombres de los pueblos aborígenes que habitaron en el país, chiquiyán era un pueblo nómade que vivía en la zona de Cuyo. 

Los remolcadores están equipados para la operación portuaria en los espacios de las bases navales. Su personal se ocupa de tareas de remolque, maniobras de amarre de buques o submarinos y lucha contra incendios, entre otras. 
Darío y su familia tratan de volver a Salta para las vacaciones de invierno y verano. “La familia y los amigos son lo que más se extraña, las reuniones, el juntarse, los cumpleaños y las fiestas”, detalló. 

“Quiero seguir trabajando, representando al país mediante la Armada, que es un orgullo para mí. También alcanzar algún día la máxima jerarquía a la que pueda llegar dentro de la institución”, concluyó.

Fuente: quehacemossalta.com

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