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El humilde tucumano que se convirtió en un funcionario ladrón y altanero

FOTO: José López, Julio De Vido y Alicia Kirchner.

El humilde tucumano que se convirtió en un funcionario ladrón y altanero

Llegó a Río Gallegos soltero, poco antes de 1990, de perfil bajo y en sus inicios, sólo en confianza se animaba a sacar su guitarra y cantar. José López se instaló en el Barrio Náutico de la capital santacruceña, por la costanera local. Un barrio con viviendas casi idénticas, sólo diferenciadas por el color de algunos techos. En su corazón conserva aún un pequeño parque con juego para niños. Es sencillo perderse en ese laberíntico vecindario. Allí se instaló, en una pequeña casa de dos habitaciones “buscando nuevos horizontes”, como comentaba en aquellos tiempos a sus vecinos cuando solía compartir cenas con “otros tucumanos radicados en Gallegos”. Poco después conoció a Néstor Kirchner y todo cambió.

Con su título bajo el brazo y de perfil bajo, poco conversador. Sus vecinos no tardaron en “adoptarlo”, en el Barrio Náutico donde se llegaba en aquel entonces por un camino casi de tierra, había varios tucumanos que se desarraigaron buscando nuevas perspectivas, y se radicaron en la capital de Santa Cruz. José López no pasó desapercibido. “Vino como muchos de nosotros, con una mano atrás y otra adelante, buscando nuevos horizontes como él decía”, contó Ana una de sus primeras vecinas.

Sin trabajo y soltero, no llegaba a los 30 años, así dio sus primeros pasos en el extremo sur. En pocos meses encontró su lugar. Tenía al menos dos rutinas, “le gustaba cantar en el Viejo Ciprés”, un antiguo bar de Río Gallegos ubicado en la zona céntrica de la ciudad. Donde iba, no perdía la oportunidad de sacar la guitarra. Y también, compartía con otros tucumanos radicados en la ciudad, “cenas que hacíamos una vez al mes, ahí lo conocimos más, éramos varios matrimonios que nos juntábamos la mayoría tucumanos”, cuenta la ex vecina de López.

Durante seis meses no hubo mayores modificaciones, hasta que se mudó. “Empezó a trabajar en el gobierno y se mudó al centro, lo veíamos muy de vez en cuando”, relató Ana. Claro, José López ya se había ganado la confianza de Néstor Kirchner que lo conoció en el Viejo Ciprés cantando con su guitarra y no tardó en convertirse en el brazo ejecutor de la obra pública del gobernador. En Río Gallegos levantó dos casas, una de 61 metros cuadrados y otra de 208 metros cuadrados.

Su primer trabajo fue en la Municipalidad de Río Gallegos. "Siempre estaba bien vestido, y de Néstor sólo hablaba lo relacionado al trabajo, pero no ostentaba, muy perfil bajo y muy cortés", recuerdan sus amigos de aquél entonces.  Hoy desconocen su comportamiento.

No dejó de cantar, pero lo hacía en reuniones militantes que culminaban con asados. Su entorno ya era otro. No estaba soltero y sus aliados ahora eran Rudy Ulloa Igor, ex chofer de Néstor Kirchner, y Carlos Zannini, el hombre de confianza del entonces gobernador y presidente de “Los Muchachos Peronistas”, primera agrupación fundada cuando el ex presidente peleó la intendencia de Río Gallegos.

Ya casado con María Amalia Díaz, dirigió desde 1993 el Instituto de Desarrollo Urbano y la Vivienda (IDUV), dejó atrás a sus vecinos tucumanos. El ingeniero civil manejaba nada más y nada menos, que la obra pública del gobierno provincial de Kirchner. Su actitud ya era otra. “Prepotente y altanero” lo recuerda el ex intendente de Río Gallegos Marcelo Cepernic, que se reunió con él para consultarle porque el expediente de su hija para acceder al VIVIPLAN no avanzaba: “estaba todo en regla y no había noticias”, relató Cepernic.

El diálogo fue breve pero ilustrativo del José López ya convertido en funcionario. “Le pregunté porqué la carpeta que llevaba dos años no avanzaba”. La respuesta fue: “Tendrías que verlo a Néstor. Si él baja la orden el crédito sale enseguida”. Cepernic que ya se había enfrentado a Kirchner cuando era intendente de la ciudad, dijo que no iba a deberle un favor político a nadie “todo estaba en regla, le pregunté por qué no sale por derecha el crédito”, contó.

“Mirá Marcelo, yo no hago terrorismo político con los créditos, pero las cosas son así, que le vas a hacer”. Fin de la conversación. Desde entonces fue la imagen más recordada entre muchos vecinos, de López, lejos de la guitarra y las noches de tertulias tucumanas en el sur.

Fuente: http://www.clarin.com/politica/humilde-tucumano-convirtio-funcionario-altanero_0_1595840423.html

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